El proyecto se implementó en la comunidad de Moxnam, municipio de Santa Bárbara, Huehuetenango, con el objetivo de fortalecer las capacidades de familias indígenas y vulnerables para mejorar su acceso al agua y a una alimentación nutritiva, incorporando enfoques de derechos, género, interseccionalidad y resiliencia ambiental .
La intervención benefició directamente a 131 personas (49% hombres y 51% mujeres), organizadas en 18 familias, mediante la implementación de dos resultados principales orientados a la seguridad alimentaria y el acceso al agua.
En relación con el Resultado 1, las 18 familias fortalecieron sus capacidades para la producción agroecológica de alimentos y la mejora de sus hábitos alimentarios. A través de procesos de capacitación, implementación de huertos familiares y uso de insumos agroecológicos, las familias establecieron sistemas productivos diversificados que incluyen hortalizas, hierbas comestibles y especies frutales adaptadas al contexto local. Asimismo, el diseño participativo de planes familiares de ordenamiento de patios permitió organizar el uso del espacio doméstico, integrando producción, saneamiento y manejo del agua. Estos avances contribuyeron a mejorar la disponibilidad y diversidad de alimentos en los hogares, fortaleciendo la seguridad alimentaria y nutricional.
En cuanto al Resultado 2, las 18 familias cuentan con sistemas de captación de agua de lluvia mediante cisternas con capacidad de 8,000 litros cada una, alcanzando una capacidad total de almacenamiento de 288,000 litros. Estos sistemas permitieron garantizar el acceso al agua durante la época seca, reduciendo significativamente el tiempo de acarreo —que anteriormente podía alcanzar hasta dos horas diarias— y mejorando las condiciones de higiene y saneamiento en los hogares. Asimismo, se promovieron prácticas de higiene familiar y corresponsabilidad en la gestión del agua, favoreciendo cambios en la distribución de roles y fortaleciendo la participación de mujeres y hombres en el cuidado y uso del recurso.
En conjunto, los resultados alcanzados contribuyeron a mejorar las condiciones de vida de las familias beneficiarias, fortaleciendo su resiliencia frente a la inseguridad alimentaria, la desnutrición y los efectos del cambio climático, así como su capacidad para gestionar de manera sostenible sus recursos productivos y el acceso al agua.
El agua es vida. Y también es dignidad
En Puertollano (Ciudad Real) hemos compartido un espacio de encuentro y reflexión en torno al Derecho Humano al Agua, poniendo el foco en la realidad que viven comunidades indígenas del occidente de Guatemala.
La actividad, organizada en colaboración con la Asociación de Vecinos Santa Ana, incluyó la proyección del corto “Celestina: Defensora del Agua, Guardiana de la Vida | Agua para una vida digna”, inspirado en la novela Agua para una Vida Digna. Una historia que nos recuerda que el acceso al agua no es un privilegio, sino un derecho fundamental.
Un cierre que refuerza nuestro compromiso con la cooperación internacional y la defensa de derechos básicos para una vida digna.


