Nicaragua en la encrucijada

El 19 de Julio se cumplieron 39 años del derrocamiento de la dictadura de Somoza en 1979. Después de casi 40 años Nicaragua vive sumida en un enfrentamiento interno cada vez mayor y que se ha cobrado a la fecha casi trescientas muertes y cientos de heridos en una situación de preguerra civil.

Parece que todo comenzó el 18 de abril de este año, cuando el Presidente Daniel Ortega anunció un Decreto para la reforma del Instituto Nicaragüense de la Seguridad Social que pretendía aumentar las contribuciones de trabajadores y empresarios, así como una retención a las personas jubiladas del 5%. La gente salió a la calle, en algunos lugares con una agresividad nada fortuita, y cuatro días más tarde Ortega retrocedía su propio Decreto para volver a estudiar el tema de una forma más amplia y con varios actores.

Pero la mecha ya estaba prendida. Desde entonces hasta este momento las protestas en Nicaragua no han cesado en demanda de la convocatoria urgente de Elecciones Presidenciales a las que no pueda presentarse de nuevo el mandatario sandinista. Las elecciones tocan en marzo de 2021 y la oposición organizada (con apoyo de parte de la comunidad internacional) pretenden imponer la salida inmediata de Ortega del poder.

En estos tres meses de enfrentamientos se han visto muchas cosas en Nicaragua. Lo más grave, la violencia en los enfrentamientos que hacen peligrar un cambio tranquilo, los muertos y heridos, una escalada en la organización de la oposición y una peligrosa respuesta del Gobierno ante lo que cataloga de auténtica conspiración externa para desestabilizar Nicaragua. Es sorprendente comprobar, más allá de las imágenes que las cadenas televisivas nos muestran en unos segundos para adornar sus noticias, cómo los grupos de la oposición se organizan y con qué armas cuentan: pistolas y lanzagranadas, que nadie sabe de dónde han salido y cómo han aparecido en manos de la sociedad civil.

La última represión gubernamental en Masaya se ha enfrentado a cientos de personas armadas y que además contaban, según relato a la Agencia France Press en el barrio de Monimbó, con 2.000 “bombas de contacto”, que se elaboran con pólvora, clavos y vidrios metidos en tarros de compota infantil o botes de mostaza. Nadie sabe explicar muy bien cómo están llegado armas largas al país, quién las introduce y con qué fines.

La comunidad internacional se está posicionando sobre la situación en Nicaragua. Así, Naciones Unidas, Canadá, la UE y el Vaticano, han realizado un reclamo al cese inmediato de la represión y de las protestas. La Organización de Estados Americanos, la OEA, acaba de aprobar una resolución por 21 votos de los 34 posibles, que exhorta al Presidente Ortega a adelantar al 29 de marzo de 2019 (dos años antes) las elecciones y al cese de la represión y la violencia.

Mientras, el gobierno de Daniel Ortega defiende su legitimidad en contra de cualquier tipo de injerencia externa que pueden colocar a Nicaragua al borde de una guerra civil con precedentes en las luchas contra Somoza. La solución debe ser negociada y cuanto antes. En dicha negociación deben saber conjugarse algunos verbos de seriedad al tiempo que se eviten algunos calificativos por ambas partes. Y hemos de estar muy atentos a los intereses externos que puedan estar alentando la desestabilización en Nicaragua como asignatura pendiente de muchos años atrás. Ello precisa de un cese inmediato de la represión y de una normalización en las calles y en la vida del país.

 

Artículo de opinión de Francisco Pineda, experto en Relaciones Internacionales y Cooperación al Desarrollo y director de Paz y Desarrollo.

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